Misterios de la naturaleza… Al cabo de media hora llevando en brazos un niño (en este caso niña) llorando sin que se calle, uno se convierte instantáneamente, y sin quererlo, en Bud Spencer.
25/05/2009
MISTERIOS DE LA NATURALEZA
11/05/2009
GOMINA
Lo reconozco, soy un gominillas. No sé salir de casa sin untarme el cabello con esa plasta pegajosa, tan ajena a la naturaleza, que imprime personalidad. Al salir de la ducha, secar el bien el cabello, frasco boca abajo, breve “chufletazo”, frote de manos, y para arriba. Esta es una de las escenas más repetidas de mi vida.
La gomina, fijador, brillantina, gel, o como se quiera llamar, tiene su origen en mi vida allá por los veranos de los últimos ochentas. La primera de ellas fue Patrico, un clásico, aunque el hecho de venir dentro de una cajita de cartón le daba un aire medicamentoso bastante sospechoso. Era azul, y el olor aun puedo recordarlo si cierro los ojos. Pasado el tiempo L`oreal copó las vitrinas de mi baño. Eran todavía años de vivir en casa de los padres, y aprovechaba los paseos por los pasillos del supermercado junto a ellos para echar la gomina al carrito o cesta.
Al poco tiempo dejó de ser el súper el lugar de encuentro con mi particular bálsamo de fierabrás, para pasar a ser las macroperfumerías, lugar de culto para los aprendices de follarín postadolescente como yo. Allí encontraba armas de seducción masiva como Desodorantes, útiles de aseo dental, perfumes, y por supuesto, la gomina, en sus más variados formatos: efecto mojado, suave, fuerte, extrafuerte, y hasta “efecto cemento” que lo he visto yo con estos ojitos.
Pasé a Schwarzkopf casi sin pensarlo, y a su frasco rojo, del que no me olvidaba ni un sólo día de mi vida. Hasta el día de mi boda. Pensé: “Me ducho, me afeito, me arreglo, espero al fotógrafo y familia, y dejo la gomina para el final, y así estaré perfecto”. Perfecto fue el olvido. Ahora veo las fotos del enlace y pienso, entre otras muchas cosas, por supuesto, y meciendo levemente la cabeza adelante-atrás, cómo cojones pude olvidar echarme la gomina aquella tarde mayo.
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Hoy, sin más objetivos al usar la gomina que la satisfacción personal, me limito al Mercadona, y al producto que, bajo sucesivas marcas comerciales, ofrece, siempre con el sello Deliplús, sinónimo de ínfima calidad a precio medio, la firma valenciana.
Más cerca ya de gominillas ilustres como Pedja Mijatovic, Lequio o Mario Conde, que de aquel chaval que en los veranos de Los Narejos y con 12 años se untaba el cabello con Patrico, me sigue sorprendiendo cómo ha cambiado el asunto gomina en el mundo del fútbol. Hace un par de décadas el gran futbolista no usaba gomina, y el que lo hacía era un chulo que sólo aspiraba a serlo. Ahora la usan los cracks, y los que no la usan suelen ser los mediocres jugadores de apellidos comunes, los “hombres de equipo”, cómo se les llama eufemísticamente a los paquetes.
Clásica imagen la de los jugadores saliendo del estadio, rueda de prensa, o vestuarios, perfumados hasta las trancas con las más exclusivas marcas y engominados escrupulosamente como sólo ellos lo saben hacer.
08/05/2009
ORIGINALIDAD PERIODÍSTICA
Vaya tela… Empata el Barça en el último minuto frente al Chelsea. Pasa a la final. Júbilo blaugrana. Justicia futbolística. El F.C. Barcelona “obra el milagro”. Y los periódicos se limitan a copiar el titular que reciben de las agencias, o bien simplemente no consultan la información de la competencia, dando lugar a…
En fin… semanas sin escribir para decir esto. Aunque mi curro me ha llevado abrir, copiar, pegar, recortar, guardar, copiar.


