Los programas nocturnos del corazón tienen tres fases. Así era en Tómbola, lo fue en Salsa Rosa (y Dolce Vita), y lo es en DEC y en La Noria. La primera fase, o fase “A”, la ocupan los primeras espadas, invitados de caché, de alto copete. Los temas recurrentes son: la Pantoja, la Jurado, Los Ubrique y la Dúrcal. Generalmente no son los personajes centrales del asunto, sino secundarios “de lujo” que aprovechan el tirón del personaje para chupar sangre televisiva. Los ejemplos más claros son: Antonio David para chupar de la Jurado, la Esteban para hacerlo del Jesulín, y Junior de su fallecida esposa.
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Luego están los invitados monotemáticos, los que hablan de ellos mismos en primera persona, principalmente artistas. Esta fase me aburre, hasta el hastío. Me cabrea y me hace cambiar de canal en la mayoría de las ocasiones. Las Azúcar Moreno, Concha Velasco, etcétera son ejemplo de este tipo de invitados.
La fase C (a la B me referiré después) que es la que ocupa los últimos minutos del programa, está dedicada a personajes que se debaten entre el anonimato más absoluto y a aquellos que alguna vez fueron y nunca más serán, y que generalmente han visto reducirse su caché hasta unos pocos cientos de euros.
Con los anónimos me refiero al típico que ha escrito un libro sobre famosos o sobre putas, al que ceden los últimos minutos. Y con los que alguna vez fueron me refiero a gentes como: Karina, actores y actrices porno, Sonia Monroy, Aramis Fuster, María José Cantudo, los Matamoros, etcétera. Esta fase, salvo por casposos invitados, tampoco se salva de mi particular gran escrutinio. También entran en este saco ex concursantes de realities.
La fase B, por la que reconozco ser un fan absoluto, es la intermedia, la que comienza al acabar el primer invitado plasta y aburrido, y que suele rondar la medianoche. A diferencia de la primera parte, que suele tratar temas de actualidad relativa, la segunda afronta temáticas recientes, de rabiosa actualidad, que se suele decir.
En esta fase se sientan frente al sanedrín del corazón los Neyras, los Ángel Cristo, los José Isaacs y Faletes, los Pajares (y Burgueras), Los Ostos y Marsós, y un largo etcétera. Por esta fase sí que merece la pena la televisión del corazón, porque ver pasear por el plató de una televisión las vergüenzas de los personajes, sus errores, sus pecados… a muchos pobres mortales nos fascina, nos pone. Los trapos sucios, las puñaladas traperas, la mierda que se esconde debajo de las alfombras.
28/06/2009
EL CORAZÓN QUE MÁS ME PONE
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