En este blog, en el que caben todas mis capulladas y pajas mentales, no podía faltar un hueco para ese crack llamado Roberto Carlos Braga, un genio de la canción, un monstruo, un fenómeno de los escenarios, que ha sido banda sonora de tres generaciones, empezando por los años de mis abuelos en el extranjero, pasando por mis padres y acabando por mi. Lavémonos la boca con lejía para hablar del maestro...
Roberto arrimando la pirindola...Roberto Carlos nació en Brasil allá por el año 1941, así que ronda los 70 añazos, y se convirtió en pocos años en el llamado "Elvis Presley brasileño". Perdió una pierna en su juventud, razón por la que quizá Roberto Carlos sea uno de los pocos brasileños que no se defiende con el balón. Roberto Carlos es un tío sencillo, sobrio. No necesita grandes espectáculos de luz para deslumbrar, ni excéntricas coreografías a su alrededor para llenar el escenario. Él sólo, con sus americanas de color pastel y su media melena canosa desde los tiempos del blanco y negro, sabe como ser el Rey de un género de canción, el melódico, que suena patético en cualquier otra voz, pero que él sabe glorificar.

Roberto Carlos ha grabado 87 discos... ¡¡¡87!!!, de los que ha vendido 100 millones de copias, siendo el artista latinamericano más vendido de la historia. Ha vendido en Hispanoamérica más discos que los Beatles, que no es poco. Los discos de oro y platino ganados durante su carrera, puestos uno junto a otro, darían la vuelta al estadio de Maracaná. En un alarde de chulería y genialidad Roberto Carlos no titula sus discos, sino que se llaman así tal cual: "Roberto Carlos", todos igual, y son solo reconocibles por sus carátulas o las canciones más exitosas de cada uno.

Roberto Carlos es purpurina, americanas con hombreras, músicos con smoking tras él. Roberto Carlos es su perfil, su pelo cano, sus muñecas con pulseras de oro. Sus "ces" hechas "eses", sus fondos de violines, su mirada al suelo mientras calla.
Roberto cambia la cara cuando la pirindola se la roza a él un travestorro... y noten como aprieta mandíbula.Roberto va tranquilo por la vida, con calma, tarareando canciones, mirando al cielo mientras camina, y desayunando zumos y café en el jardín de su mansión mientras observa el vuelo de los pájaros. Roberto Carlos no pierde los nervios nunca, sino que con poesía soluciona sus problemas. Roberto Carlos no elige la ropa de su armario, sino que al azar extrae cualquier camisa de lino y se la coloca, dejándose varios botones abiertos para aliviar el calor tropical. Roberto no conduce motos ni coches deportivos, sino que pasea por la playa descalzo con pantalones largos, sintiendo sus pisadas, sensando cada emoción que le produce la agonía de las olas bajo sus pies. Roberto Carlos si quiere comer se acerca a una palmera torcida, de las que besan el mar, y parte una piña, un coco, y bebe su jugo y mastica su pulpa mientras su cabello fondea con la brisa del atlántico. Roberto Carlos no usa su móvil sino que escribe y recibe postales desde muy lejos. A Roberto Carlos no le vuelven loco las mulatas, sino la mujer en esencia, lo femenino, lo sensual del ama de casa, la digna belleza que conservan en la mirada las ancianas. Roberto Carlos no conoce Murcia, ni el pastel de carne, ni lee a Achopijo, pero cuando sube al escenario del Madison Square Garden cada año siente lo mismo que la Fuensanta al bajar el puente de los Peligros. Roberto Carlos no hace fotografías, sino que retiene momentos, olores, emociones y los guarda con delicadeza en el álbum de fotos de su corazón. Roberto Carlos tiene un gato azul que a pesar de que hace 40 años que vivió la ruptura de su amo, sigue vivo, y triste, rozándose con la pierna de Roberto cada noche mientras él lee a Neruda recostado en una chaiselongue bajo las estrellas. Roberto Carlos cuando celebra su cumpleaños no hace una fiesta en su casa, sino que alquila el Sambódromo para poder meter al millón de amigos que cantan con él. Roberto Carlos no lee este blog, pero si lo hiciera seguro que nos invitaría a mí y a Raúl C. a cantar con él aquello de: "Yo quisiera ser civilizado como los animales".
Imágenes extraídas de la web oficial.
Dos momentos forman parte del top100 de mi vida: Álvaro y yo en casa de mis padres cantándoles con la guitarra "El gato que está...", y el otro: Raúl C. y yo cantando canciones de Roberto "agitanándolas", en una nave industrial trabajando por 4 duros, y explotados, pero felices. Y por supuesto, en el Top10: Mi madre, que de vez en cuando, siendo yo un niño, le pedía a mi padre que pusiera "La Distancia" en el tocadiscos... la canción que bailaron en su viaje de novios:
Dedicado a Raúl C. Con amor.
Dos momentos forman parte del top100 de mi vida: Álvaro y yo en casa de mis padres cantándoles con la guitarra "El gato que está...", y el otro: Raúl C. y yo cantando canciones de Roberto "agitanándolas", en una nave industrial trabajando por 4 duros, y explotados, pero felices. Y por supuesto, en el Top10: Mi madre, que de vez en cuando, siendo yo un niño, le pedía a mi padre que pusiera "La Distancia" en el tocadiscos... la canción que bailaron en su viaje de novios:
Dedicado a Raúl C. Con amor.




5 han comentado ya:
Me ha gustado el post, sobre todo por la fina ironía que destila en ciertos pasajes de esencia achopijeril. Chapó.
apaelectropio
apaelectropio
¡¡¡jajajajajajajajajajajaja!!! ¡Viva y bravo, Álvaro! :)
Grande, amigo, grande; Roberto Carlos merece cada uno de los elogios que se le hagan, cada brindis que se ofrezca en su honor y cada karaoke que le hagamos tú, yo, nuestras futuras hijas y los bisnietos que tal vez no conozcamos pero que con toda seguridad pensarán en nosotros cuando suene "Yo quiero tener un millón de amigos" en su nanopod, y con sonrisa nostálgica sus madres les cuenten la historia de sus bisabuelos.
P.S.: espero con impaciencia un homenaje a Jose Luis Rodriguez "El Puma" que incluya aquella noche mágica en que resucitamos a un moribundo Pedro Ruíz a ritmo de "Pavo Real".
P.P.S.: um... ahora que pienso, ¿no hiciste uno ya de "El Puma"? ¡Merde!
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