28/11/2007

Día sin coches







Escrito el día 3 de Octubre de 2006


Más que nunca el pasado día 19 tardé en llegar a mi trabajo, y todo por el famoso “Día sin coches”, convocado por determinadas asociaciones ecologistas, distintas corporaciones locales y regionales y con el apoyo moral de la Comunidad Europea.
Yo, que amo la naturaleza, y odio la contaminación y el devenir macabro de nuestra sociedad que pretende terminar con el, escaso, medio natural que nos rodea, no pude más que desesperarme al volante de mi coche al ver como la única decisión adoptada por las autoridades fue cortar determinadas vías al tráfico rodado provocando el consiguiente atasco. Y todo por contentar a unos pocos, limpiar las conciencias (insignificantemente) y publicitar algo que se vende como bueno para las ciudades.
Sumándome a esta iniciativa del “Día sin algo molesto” propongo la celebración a lo largo de los próximos meses del “Día sin ”, como por ejemplo, “El día sin motos que hagan ruido”, un, dos, tres, responda otra vez: “El día sin motos que hagan ruido”, “El día sin mierdas de perros”, “El día después de salir con mis amigos sin resaca”, “El día sin ansiedad”, “El día sin mala educación”, “El día sin Antena 3”, “El día sin ganas de orinar al estar acostado y a punto de dormir”, “El día sin camareros estúpidos”, “El día sin que crezca pelo en la cara”, “El día sin coches aparcados en lugares de minusválidos sin acreditación”, “El día sin homofobia”, “El día sin calor”, “El día sin derrota del Atleti”, “El día sin ignorancia e incultura general”, “El día sin Embrujadas”, “El día sin camisas por planchar”, “El día sin factura de Ono”, “El día sin miedo”, “El día sin zombis caminando por la calle sin rumbo”, “El día sin incompetentes”, “El día sin tristeza”, “El día sin sueño (pero plagado de sueños)”, “El día sin prisas”, “El día sin ropa”, “El día sin animales maltratados”, “El día sin ordenadores que se quedan colgados”, “El día sin padres en residencias”, “El día sin mentiras”, “El día sin la maldita cocaína”, “El día sin la gotita que irremisiblemente empapa los calzoncillos de todos los hombres segundos después de orinar”, “El día sin herencias disputadas”, “El día sin fobias”, “El día sin sol y con lluvia”, “El día sin ganas de que acabe el día”…

SUBIRSE POR LAS PAREDES


Escrito en Noviembre de 2006



Hoy he amanecido y por fin he tomado un desayuno no acompañado de Frenadol. Y es que los malditos catarros otoñales, al igual que los veraniegos y primaverales, están fuera de tiempo y lugar. Uno se ve en manga corta y tosiendo, con el pecho cargado y la nariz llorosa y no entiende qué carajo está ocurriendo. Lo peor de todo es que no sabes qué ponerte. Yo soy de los de cuatro mangas, dos pantalones y a sudar, y mi mujer es de las de tres suspiros y a aguantar (mi olor febril y mis repetidas quejas que ahora pasaré a explicar).

“Crash”, “50 primeras citas”, “GH”, “OT”, “Dolce Vita”, “Sleepy Hollow”, “Las dos torres”, “16 Calles”… no es para tirarse de los pelos??? Todo eso en tan solo 3 días. Me ha servido para ordenar mi caótico despacho, mi armario, para que mis ojos descansaran de las lentillas mensuales (que ya van para dos meses) y para que mi aún púber barba asome tímidamente como el maltratado césped de debajo de mi casa (La orina y las heces de decenas de perros, una hoguera de San Juan, las excasas lluvias, y los coches aparcados ayudan poco al crecimiento). Viendo Bricomanía, la barba del presentador y los consejos de Jardinería estoy por hacerme una mascarilla de Sulfato de nosequé para ver si de una vez puedo parecerme al Profesor Bacterio. Con la perilla que tengo no pasaría de parecerme al ilegítimo tío del Rey Don Juan Carlos.

Me gusta quejarme, me encanta lamentarme, disfruto como un enano revolcándome en mi propia desgracia cuando estoy malito. Es lo que tiene la hipocondría. Necesito que me pregunten cómo estoy, cómo me siento, que me hagan un zumo con miel (y me lo lleven a la cama, por supuesto) que me arropen, que me pregunten si tengo fiebre para contestar yo que sí (aunque no tenga). Y es que llamar la atención es uno de mis confesables vicios. Pero todo se trunca cuando estoy solo en casa, así que cojo el teléfono y llamo, llamo compulsivamente a mis compañeros de trabajo, amigos, mi mujer y resto de mi familia y digo: “Estoy malo”; y preguntan: “Qué te pasa?”, y me pone.

Aproveché anoche, con mis últimos miligramos de Paracetamol para disfrutar plácidamente de mis horas de vigilia y pasar la noche soñando que el mundo era perfecto, que todo era ideal, que la vida sonreía… Que me ponía malo, mis amigos, familia, mi mujer, mi perro, compañeros de trabajo, vecinos, el de la carnicería de abajo, el de las comidas para llevar, los personajes de las 50.000 películas que he visto estos días, Jesús Vázquez y el jurado de OT, Santiago Acosta, La Doctora Tancredi de Prison Break y una fila de presos, Mercedes Milá y el ilegítimo tío del Rey Don Juan Carlos se acercaban a mi cama, me traían un zumo con miel, me daban el Frenadol, me preguntaban cómo estaba y cuando por fin me quedaba solo cogía el listado de Asisa, buscaba por orden alfabético: Hernández, Herranz, Herrero, mmm…. Aquí!!! House, Gregory House, Dr. House, lo llamaba, venía a mi casa, dejaba el bastón sobre mi cama y tras preguntarme si tenía fiebre yo resoplaba, suspiraba y con lastimosa voz le decía: “Sí”.